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Algo que todos sabemos es que los tatuajes pueden tener muchos significados, pero es realmente sorprendente cómo estos alcanzaban un nuevo nivel en las cárceles soviéticas. Allí los tatuajes no solo representaban qué es lo que había hecho el preso, también servían como una forma de comunicarse entre ellos. Algo tan sencillo como un puñal tatuado en el cuello podía significar que el recluso estaba allí por haber cometido un asesinato y, además, que el preso estaba dispuesto a volver a repetir su crimen a cambio de algún tipo de favor. Para que luego digan que con tatuajes no puedes trabajar…

Esto lo sabemos gracias a Arkady Bronnikov. Él es considerado el mayor experto en iconografía del tatuaje en Rusia. Se trata de un policía jubilado que colaboró con el Ministerio de Interior de la URSS durante más de 30 años y que en 2014 publicó una gran colección, con más de 180 fotografías de los presos que cumplían condena en las cárceles soviéticas. Nosotros le hemos echado un vistazo y os traemos una pequeña muestra de lo que nos hemos encontrado. Es realmente sorprendente poder ver cómo el tatuaje formaba parte de la vida de la cárcel y cómo era algo que iba más allá de la pura estética.

¿Veis las calaveras con los huesos cruzados en los hombros? Esto significa que este preso cumplía cadena perpetua. ¿Y la chica a la que una caña de pescar le está levantando la falda en su antebrazo izquierdo? Pues que además esta condena es por violación.

 

¿Cómo se hacían estos tatuajes?

Como podéis imaginar, una cárcel soviética no tenía unas medidas sanitarias tan extremas como los estudios que veis hoy en día. Aquello era una guarrada y los tatuajes se hacían de una forma arcaica, dolorosa y nada higiénica. Ahora en un día entero puedes llevarte una pieza de un tamaño considerable, pero ellos podían tardar años para hacer algo grande, aunque una pieza pequeña podía llevar hasta seis horas de trabajo sin pausas. ¿Por qué tardaban tanto? Porque no disponían de las máquinas tan sofisticadas de hoy en día. Ellos adaptaban una máquina de afeitar para que sujetase agujas o cuchillas. Podéis imaginar la lentitud que tendrían estas máquinas y la precisión que tenían. Menos mal que ahora tenemos máquinas bien construidas y precisas…

Pero claramente esto no era lo peor. ¿No os habéis preguntado de dónde sacaban la tinta? Esto era lo que más problemas les ocasionaba. La tinta la fabricaban mezclando orina de la persona que se fuese a tatuar (por razones sanitarias, menos mal) con goma quemada. Con eso normal que las infecciones estuviesen a la orden del día. La gangrena, el tétanos, el SIDA, además de fiebres y escalofríos, formaban parte del proceso de curación de cualquier tatuaje.

Además, los tatuajes estaban prohibidos por las autoridades de las prisiones, por lo que tenían que hacerlos de forma clandestina y casi no podían preocuparse de higienizar el espacio en el que iban a trabajar. Una vez que los tenían hechos las autoridades ya no podían hacer nada, pero si les descubrían tatuándose lo mínimo que les caía era una buena paliza.

Así lucía uno de los muchos reclusos que contrajeron sífilis, SIDA o tétanos al ser tatuados en estas condiciones.

 

 

¿Cómo era la cultura del tatuaje dentro de la cárcel?

Cuando a la cárcel entraba un preso nuevo los demás reclusos le hacían una entrevista a fondo. Lo primero que le preguntaban era que si asumía todos sus tatuajes. Si veían que no era capaz de responder, si dudaba o si tenía un tatuaje falso, amablemente le daban un trozo de cristal para que el mismo se lo quitase (igualito que el láser), y si este no lo hacía, los demás se encargaban de sujetarle fuerte para quitárselo, a lo que podía seguirle una brutal paliza, una violación en grupo o la muerte.

Una cárcel soviética era una sociedad en sí misma y tenía leyes propias. Los tatuajes eran algo muy importante en la vida de estas sociedades. La estética y los significados personales poco importaban. Lo importante de los tatuajes era lo que significaban para el resto de los presos. Ellos no se tatuaban para adornar su cuerpo o simbolizar un hecho importante en su vida, se tatuaban para que los demás supiesen quienes eran y qué hacían. Los tatuajes para ellos eran una biografía.

Este es un caso especial. Las estrellas de los hombros señalan a este recluso como una autoridad dentro de la cárcel, las medallas son condecoraciones que se tatuó por su resistencia ante el régimen soviético y los ojos que veis abajo señalan que era homosexual (su pene sería la nariz).