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Vamos a ponernos en situación. A mediados del siglo XIX no había televisión y los circos errantes estaban en auge en Estados Unidos. La clase media aprovechaba cualquier oportunidad para ver con sus propios ojos a las extrañas personas que formaban parte de los espectáculos de Barnum & Bailey y muchísimas personas acudían en masa a ver a Nora Hildebrandt, la primera mujer que expuso su cuerpo tatuado de forma profesional.

¿Quién fue Nora Hildebrandt?

Nora era la hija de Martin Hildebrandt, quien nació en Alemania, emigró a Nueva York para ganarse la vida como el primer tatuador profesional del país en 1846. Ella nació en la década de 1850 (no conocemos la fecha exacta) y a medida que fue creciendo su padre fue utilizándola como lienzo de prácticas, de modo que cuando alcanzó la edad de 30 años ya contaba con más de 365 tatuajes repartidos por todo su cuerpo.

Fotografía de Nora Hildebrandt de finales del siglo XIX

Podemos imaginar a Nora como una gran figura femenina emancipadora, pero no deberíamos ponerle tan pronto. Nora fue una doble víctima: hija de un padre brutal y víctima del machismo de los hombres que acudían al circo, ya fuese a ver sus tatuajes o cualquier trozo de carne que se asomase.

Su biografía está enmarañada con detalles míticos para atraer espectadores y porque, probablemente, se avergonzaba del trato que había recibido de su padre. Supuestamente Nora fue capturada por una tribu india (ni más ni menos que la tribu de Toro Sentado) y que estos le hicieron un tatuaje diario durante un año. A veces contaban que también raptaron a su padre, a quien obligaron a realizar estos tatuajes, hasta que decidió quitarse la vida. Todo ello es falso, pero servía para adornar su verdadera historia.

La realidad es Nora fue víctima del abuso de su padre, quien aprovechaba los ratos libres que tenía, cuando no tatuaba a militares y marineros, para practicar con el cuerpo de su hija. Al final, harta de esto, decidió aprovechar su cuerpo tatuado para entrar en el mítico circo errante y recorrer el país.

¿Cómo acabó su historia?

Entró en el circo en la década de 1890 y se convirtió en una estrella. A menudo quedaba con el grupo de espectadores más interesados en el arte de su padre después del espectáculo para narrarles la verdadera historia de todos sus tatuajes, sin adornos inventados.

Pero, dejando patente que al público no le interesaba tanto el arte como ver a una mujer mostrar su cuerpo, Nora se vio desplazada cuando al circo llegó otra mujer más joven con el cuerpo totalmente tatuado. Irene Woodward, apodada “La bella Irene”, fue la encargada de destronar a Nora y nunca más volvió a haber registro sobre ella. Su rastro desapareció para siempre, pero su legado sigue vivo.

Irene Woodward, quien destronó a Nora Hildebrandt

Nora fue la primera de muchas artistas corporales femeninas y la que abrió el camino para que hoy en día tengamos a mujeres como Katy Gold y Vinila Von Bismark, mujeres que han convertido su cuerpo en una obra de arte.

Gracias a la lucha de mujeres como Nora y su legado el tatuaje ha dejado de verse como algo de monstruos de circo y es reconocido como la forma de arte que es

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